Manolo Blahnik. El arte del zapato

Manolo Blahnik. El arte del zapato

Una escapada rápida a Madrid me acabó llevando a una exposición de calzado. Me fui a ver, nada más ni nada menos que “Manolo Blahnik. El arte del zapato”, en el Museo Nacional de Artes Decorativas. El material expuesto es una muestra que pone en evidencia el buen hacer y la creatividad del taller del canario. Su equipo cuenta con una serie de profesionales excelentes que le permiten pasar de las ideas más geniales y atrevidas a piezas que existen en el mundo real, como arrancadas de un sueño. En muchos casos es muy discutible que sean realmente cómodos. Sea como fuere, son zapatos y son útiles para la función que fueron concebidos.

La imaginación de Blahnik ronda, además de otras creaciones, entre 30 y 40.000 pares de zapatos, de los que 212 forman parte de la expo de Madrid. El resto se quedaron en Bath, en Inglaterra, en el archivo del diseñador. También hay una selección de 80 ilustraciones realizadas por el mítico creador de los manolos.

Manolo Blahnik. El arte del zapato. Fotografo en Madrid para empresas, books, eventos.

Encargos e influencias de Blahnik

Entre las piezas más notables, alguno diseñado para Bvlgari o Porsche, y algunas fotos y colaboraciones importantes que dan, si cabe, más color y variedad a la exposición. Las influencias son muchas. Blahnik empieza por Praxíteles, ronda el Romancero Gitano, deambula entre Kandinsky y Mondrian y acaba cayendo en Sexo en Nueva York. Una mezcla tan heterogénea podría ser un insufrible pastiche, pero es una demostración de criterio y buen gusto con sorpresas ocasionales. La mente inquieta del canario no se detiene y ofrece mucha más variedad de la que pueda esperar un lego en la materia (como yo mismo).

La influencia naturalista está presente también en la exposición: motivos florales, estampados animales, zarcillos y colores intensos encajan en los tacones, incluyendo materiales inesperados como la rafia. Y de repente, para encajar en una película, tonos pastel y acabados barrocos. Maria Antonieta, de Sofia Coppola, le ofrece una nueva oportunidad a Blahnik de demostrar sus capacidades.

Manolo Blahnik. El arte del zapato. Fotógrafo profesional en Madrid

Lamentablemente la exposición ya no está disponible (al menos en Madrid), pero hará su quinta parada en Toronto. Será en el BATA Shoe Museum, a partir del 16 de mayo de 2018 y hasta el 6 de enero de 2019.

 

Soy Sergi Albir. Soy fotógrafo. A veces estoy en Madrid, muy a menudo en Valencia o Barcelona. O en algún otro sitio. Un mensaje a sergi@archerphoto.eu o al +34 644459753 (Whatsapp incluido, claro) y empezamos a trabajar.

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Contar una historia con luz

Contar una historia con luz

Resulta cada vez más frecuente que una parte crucial de la fotografía no se realice en el momento en el que se dispara. Podemos determinar velocidad, obturación, profundidad de campo, encuadre… Pero no nos parece bastante.

Contar una historia con luz

El número de herramientas efectivas con las que cuenta un fotógrafo profesional determina  sus posibilidades reales de contar una historia. Lightroom, Photoshop o Aperture, entre los más destacados, ofrecen un número ilimitado de alternativas a la hora de procesar una foto.

Esto puede repercutir tanto en las mayores capacidades expresivas de la persona que toma la imagen como en la desconfianza que, cada vez más, tiene el espectador sobre la realidad del resultado. ¿Cuál es la imagen real? ¿Un plano más amplio cuenta mejor la historia o solo distrae del objeto principal? ¿Más luz, que permita ver más detalles, o mayor contraste, para expresar con más fuerza?

Contar una historia con luz

En este caso he decidido colocar una fotografía de una falla quemándose. Es una fiesta que no me gusta en general (tiene que ver con las múltiples animaladas que suceden en la ciudad durante esos días) pero el ejemplo resulta ilustrativo.

La foto aparece procesada de dos maneras diferentes, pero en la parte derecha podemos apreciar mucha más fiereza del fuego, mayor energía. Simplemente, la cámara dispone de un amplio rango dinámico y sobreexponiendo la foto alteramos la manera de contar una historia con luz. En puridad, la fotografía de la izquierda es como salió de la cámara, pero el ojo humano captaba perfectamente los edificios mientras se veían las llamas, de manera que la segunda sería más “real”. Pero ha sido manifiestamente modificada para ese fin. ¿Cuál sería la correcta? ¿O la foto “real” es solamente una idea?

Sergi Albir

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